Mientras el Parlamento Europeo da luz verde a la “remigración”, aprobando una normativa evidentemente inspirada en una escandalosa concepción racista, y adopta una nueva e insólita resolución de condena contra Cuba, ignorando una vez más el peso devastador de más de sesenta años de bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos, desde La Habana llega una señal de signo completamente distinto. La conclusión del Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba ha confirmado la voluntad de la Revolución de afrontar con nuevas herramientas una de las etapas más difíciles de su historia reciente, marcada por carencias energéticas, restricciones financieras internacionales y continuas presiones externas.
Para muchos observadores cercanos a la realidad cubana, la capacidad de la isla de seguir garantizando servicios públicos universales, educación, sanidad y cohesión social pese a un asedio económico sin precedentes representa una forma de resistencia con pocos paralelos en el mundo contemporáneo.
Ante estas novedades y las recientes decisiones del Parlamento Europeo, entrevistamos al economista Luciano Vasapollo, desde hace años estudioso de la realidad cubana y de las transformaciones en curso en el continente latinoamericano.
Profesor Luciano Vasapollo, acaba de concluir el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. ¿Cuál es el significado político de esta reunión?
Creo que estamos ante un paso de gran importancia histórica. El Pleno ha afrontado con realismo y valentía las dificultades que vive Cuba bajo el peso de más de sesenta años de bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos. La novedad más relevante es la confirmación de la voluntad de actualizar y reforzar los instrumentos de la planificación socialista, introduciendo formas más avanzadas de coordinación entre planificación centralizada y procesos de gestión descentralizada. No se trata de una renuncia al socialismo, sino exactamente de lo contrario: se trata de hacerlo más eficiente y más capaz de responder a los desafíos contemporáneos.
Algunos observadores hablan de un acercamiento a las experiencias de China y Vietnam. ¿Es una lectura correcta?
Diría que es una lectura parcialmente correcta. Cuba observa con atención las experiencias de países socialistas que han sabido desarrollar instrumentos innovadores sin abandonar la dirección política pública de la economía. China y Vietnam han demostrado que la planificación no es un concepto estático, sino un proceso dinámico. En Cuba se está afirmando la idea de una planificación moderna, flexible, científica, capaz de valorar las autonomías territoriales, las empresas estatales, los gobiernos locales y los distintos actores económicos, manteniendo sin embargo la centralidad del interés colectivo.
¿Cuál es el objetivo principal de esta evolución?
El objetivo es muy claro: sortear los efectos devastadores del bloqueo estadounidense. Hay que recordar que ningún otro país del mundo está sometido desde hace décadas a una presión económica tan sistemática. El bloqueo no es una fórmula propagandística; es una realidad concreta que afecta a las importaciones, el sistema bancario, el transporte, la energía, la sanidad, la alimentación e incluso el acceso a las tecnologías. En estas condiciones, el socialismo cubano está llamado a desarrollar instrumentos cada vez más sofisticados para garantizar producción, distribución y desarrollo. El Pleno ha dado una respuesta política muy importante en esta dirección.
En las mismas horas el Parlamento Europeo ha aprobado una nueva resolución crítica hacia Cuba. ¿Cuál es su valoración?
La considero una decisión gravísima y profundamente hipócrita. Una vez más el Parlamento Europeo ha elegido ignorar la causa principal de las dificultades cubanas, es decir, el bloqueo impuesto por Washington. Se habla de democracia, de derechos humanos, de supuestos presos políticos, pero se evita cuidadosamente la cuestión central: ¿qué país europeo podría resistir sesenta años bajo un asedio económico de esta magnitud?
¿Ve entonces una alineación de Europa con Estados Unidos?
Absolutamente sí. Desgraciadamente asistimos desde hace años a una creciente pérdida de autonomía estratégica de la Unión Europea. En el tema cubano esto es evidente. En lugar de desempeñar un papel independiente y favorecer el diálogo, muchas instituciones europeas terminan reproduciendo las mismas narrativas elaboradas en Washington. Es paradójico que se exija cuentas a Cuba por sus dificultades económicas sin reconocer la existencia de medidas coercitivas unilaterales que afectan directamente a la población civil.
¿Cuál es el significado político de esta contraposición entre el Pleno cubano y la resolución europea?
Son dos imágenes opuestas del mundo contemporáneo. Por un lado tenemos un país pequeño, sometido a enormes presiones externas, que intenta innovar su modelo económico y social sin renunciar a su soberanía. Por otro lado vemos instituciones occidentales que continúan juzgando a Cuba a través de categorías ideológicas a menudo desconectadas de la realidad concreta del país.
Muchos sostienen que el socialismo cubano ha llegado a un punto de inflexión. ¿Está de acuerdo?
Sí, pero no en el sentido que entienden sus detractores. Cuba se encuentra ciertamente en una fase decisiva. Los desafíos son enormes: energía, transporte, abastecimiento alimentario, emigración, inversiones. Sin embargo, precisamente por eso el debate desarrollado en el Pleno adquiere un valor estratégico. La dirección revolucionaria cubana ha mostrado que no quiere quedarse inmóvil, sino afrontar los problemas con nuevas herramientas, manteniendo firmes los principios de la Revolución.
¿Qué mensaje emerge de este Pleno?
El mensaje es que el socialismo cubano no es estático. Es un proceso que continúa interrogándose, corrigiéndose e innovando. Quienes esperaban que el bloqueo pudiera doblegar definitivamente a Cuba deben reconocer que el país sigue buscando soluciones autónomas y creativas. La combinación entre planificación nacional, mayor capacidad decisional territorial y fortalecimiento de la producción representa hoy una de las principales apuestas de la Revolución.
Según usted, ¿cuál debería ser la actitud de Europa?
Europa debería reconocer ante todo una realidad evidente: ningún análisis sobre Cuba puede ser creíble si ignora el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos. En lugar de aprobar resoluciones acusatorias, sería más útil promover la cooperación, el diálogo y relaciones económicas basadas en el respeto mutuo. Cuba no necesita lecciones; necesita que se respete su derecho a la autodeterminación. Y el pueblo cubano tiene derecho a construir su futuro sin estar sometido a una presión económica que desde hace décadas pesa sobre la vida cotidiana de millones de personas.
El heroísmo de Cuba no se lee solo en su capacidad de sobrevivir, sino en la voluntad de seguir proyectando el futuro mientras afronta enormes dificultades materiales.
El Pleno recién concluido parece indicar precisamente esta dirección: una modernización de los instrumentos de la planificación socialista, capaz de integrar formas más avanzadas de gestión descentralizada sin renunciar a los principios de equidad y soberanía que han caracterizado el proceso revolucionario. Una elección que muchos analistas interpretan como un paso más en la actualización del modelo económico cubano, en diálogo con las experiencias de otros países socialistas pero profundamente enraizado en las peculiarida des de la isla.
Rita Martufi y Salvatore Izzo
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