El plan, el asedio, el multipolarismo. Diálogo con Luciano Vasapollo y Rita Martufi sobre Cuba tras el pleno extraordinario (Entrevista de Alfonso Bruno)


El Pleno extraordinario del Comité Central de Cuba, celebrado el 17 de junio de 2026, se centró en una nueva fase de transformaciones económicas y sociales, con un Programa Económico y Social 2026 llamado a hacer frente a una dura crisis: escasez energética, tensiones de liquidez, dificultades productivas, emigración juvenil y presión externa. Las agencias internacionales han interpretado este paso como una apertura más marcada hacia la empresa privada, la autonomía municipal, las inversiones extranjeras y la diáspora, mientras que las fuentes cubanas insisten en la necesidad de «profundas transformaciones» dentro del marco socialista.

El encuentro con Luciano Vasapollo y Rita Martufi surge de aquí: del punto en el que el plan se enfrenta al asedio, y la economía se mide con la vida cotidiana.

Profesor, el Pleno extraordinario del 17 de junio situó en el centro el Programa Económico y Social 2026. ¿Cuál es el salto de calidad con respecto a las anteriores actualizaciones del modelo?

Luciano Vasapollo:
El salto cualitativo radica en que Cuba ya no razona únicamente en términos de «ajuste» del modelo, sino de reorganización integral de su capacidad de resistencia y desarrollo. No estamos ante una liberalización en el sentido occidental del término. Estamos ante un intento de refundar la relación entre la planificación, el territorio, la producción y la soberanía.
En los últimos años se hablaba a menudo de la actualización del modelo económico. Hoy el lenguaje es más claro: transformaciones profundas. Esto significa que el socialismo cubano toma nota de una realidad muy dura. Ya no puede limitarse a gestionar la escasez. Debe producir, atraer divisas, recuperar la capacidad industrial, reactivar la agricultura, la energía, el turismo, las biotecnologías y los servicios, sin entregar el país a la lógica del capital como principio ordenador.
Ahí está la clave: no se abandona el plan, pero debe volverse más inteligente. El plan burocrático, si se queda en lo abstracto, se vuelve ineficaz. El plan socialista, si quiere sobrevivir, debe saber interpretar el territorio, responsabilizar a las empresas y a los gobiernos locales, integrar a nuevos actores económicos, pero sin perder la dirección política.

Rita Martufi:
Y me gustaría añadir algo. Cuando hablamos de «transformaciones económicas», nunca nos referimos únicamente a cifras. En Cuba, toda transformación económica afecta de inmediato a la vida cotidiana: el pan, la electricidad, el transporte, los medicamentos, la escuela, las personas mayores, las madres, los jóvenes. El salto de calidad solo será real si el plan logra proteger la reproducción social de la vida. Porque una economía socialista no se juzga únicamente por el PIB, sino por cómo protege al pueblo en momentos de crisis.

Se habla de una «planificación socialista con características cubanas». Concretamente, ¿cómo se articulan el centralismo del plan y la gestión descentralizada de las empresas estatales, los gobiernos locales y los nuevos actores? ¿Dónde termina la autonomía y dónde se mantiene la primacía del interés colectivo?

Vasapollo:
La fórmula es importante, pero hay que interpretarla. La planificación socialista con características cubanas significa que el centro político se reserva la definición de las prioridades estratégicas: soberanía alimentaria, energía, sanidad, educación, defensa de la moneda, equilibrio territorial y protección social. Sin embargo, la ejecución no puede ser totalmente vertical.
La empresa estatal debe disponer de márgenes de gestión; el ayuntamiento debe poder decidir en función de las necesidades concretas; las cooperativas y las pequeñas y medianas empresas deben integrarse en un marco nacional.
El problema no es si hay autonomía o no. El problema es: ¿autonomía con qué fin? Si la autonomía sirve para producir mejor, para responder a las necesidades locales, para crear empleo y para reducir las importaciones, entonces es coherente con el socialismo. Si, por el contrario, la autonomía se convierte en acumulación privada sin responsabilidad social, entonces entra en conflicto con el interés colectivo.
La primacía del interés colectivo se mantiene en la propiedad estratégica, en la planificación de los recursos fundamentales, en la política de precios esenciales, en la sanidad, en la educación, en la investigación y en la energía. Pero esta primacía no debe confundirse con el inmovilismo administrativo.

Martufi:
Luciano señala algo decisivo: la autonomía no es neutra. Desde el punto de vista social, hay que preguntarse siempre quién paga las ineficiencias y quién se beneficia de las liberalizaciones. Si la descentralización permite a una comunidad local resolver problemas alimentarios, energéticos y de vivienda, entonces refuerza el socialismo. Si, por el contrario, crea diferencias demasiado marcadas entre territorios ricos en turismo y territorios pobres, entonces genera nuevas desigualdades.
Aquí entra en juego la cuestión femenina. Cuando el Estado, el ayuntamiento o la empresa no funcionan, ¿quién mantiene la vida en marcha? Las mujeres, las familias, las redes informales, el trabajo de cuidados. Por eso, toda reforma económica debe evaluarse también desde el punto de vista del tiempo de vida, no solo desde el punto de vista de la productividad.

Cuba mira hacia China y Vietnam: ¿qué toma de esos modelos y qué, por el contrario, rechaza deliberadamente para no caer en el mercado como fin en sí mismo?

Vasapollo:
Cuba mira hacia China y Vietnam porque son dos experiencias que han demostrado una cosa: se puede utilizar el mercado como instrumento sin aceptarlo como destino. Naturalmente, las condiciones son diferentes. China es una potencia continental, industrial, financiera y tecnológica. Vietnam tiene una ubicación asiática, una fortaleza manufacturera y una capacidad de integración en las cadenas globales que Cuba no posee en las mismas formas.

Cuba puede aprender tres cosas. La primera: la empresa estatal debe ser eficiente, no simplemente protegida. La segunda: la inversión extranjera puede utilizarse si permanece subordinada a los objetivos nacionales. La tercera: el mercado interno debe regularse, pero no asfixiarse, porque si el Estado no organiza la oferta, la escasez genera mercado negro, rentas de posición y corrupción.
¿Qué rechaza? Rechaza la idea de que el mercado sea el árbitro último de la sociedad. Rechaza la privatización de los pilares sociales. Rechaza la transformación de la ciudadanía en solvencia económica. Rechaza —al menos ese es el reto— que quienes tienen dólares vivan en un país y quienes no los tienen vivan en otro.

Martufi:
Y aquí hay una diferencia profunda. En Occidente nos hemos acostumbrado a pensar que todo lo que no genera beneficios es un coste. Cuba, incluso dentro de sus límites, sigue afirmando que la sanidad, la educación, la cultura, el deporte y la asistencia social no son costes improductivos, sino condiciones de la dignidad humana. Esa es su fuerza, pero también su responsabilidad: no puede defender estos bienes solo de forma simbólica. Debe hacerlos materialmente accesibles, cotidianos y funcionales.

Hablemos del bloqueo. Más allá de la denuncia política, explíquenos el mecanismo: ¿cómo afecta al sistema bancario, al acceso al crédito y a los pagos en dólares? ¿Y qué margen ofrecen la desdolarización, los BRICS y los nuevos canales financieros?

Vasapollo:
El bloqueo no es solo una prohibición comercial. Es un mecanismo financiero global.
Funciona así: un banco que mantiene relaciones con Cuba teme sanciones, multas, la exclusión del circuito estadounidense y dificultades con el dólar. Por eso, incluso cuando una operación sería formalmente posible, muchos intermediarios la evitan. Esto produce un efecto de aislamiento bancario.
Cuba paga más, compra peor y recibe más tarde. Tiene que triangular las transacciones, recurrir a intermediarios y hacer frente a costes de seguro más elevados y mayores riesgos logísticos. El acceso al crédito internacional está limitado no solo por razones económicas internas, sino porque el sistema financiero mundial sigue organizado en torno al dólar y al poder coercitivo de Estados Unidos.
La desdolarización ofrece margen de maniobra, pero no milagros. Los BRICS, las divisas alternativas, los acuerdos bilaterales y los sistemas de pago no occidentales pueden reducir la vulnerabilidad. Pero Cuba necesita exportar más, producir más, ahorrar divisas y atraer inversiones sin malvender su soberanía. El multipolarismo abre espacios, no resuelve automáticamente las contradicciones.

Martufi:
Y el bloqueo, cuando afecta a la vida de las personas, no adopta la forma abstracta de una sanción. Toma la forma de un medicamento que falta, de una pieza de recambio que no llega, de un apagón, de una madre que tiene que improvisar cómo pasar el día, de un hospital que cuenta con médicos muy bien formados pero con instrumentos insuficientes. Por eso la denuncia política es necesaria, pero no basta. Hay que mostrar el mecanismo concreto. Solo así se entiende que no se trata de propaganda, sino de una restricción material de la vida.

Tras el IX Congreso y en el año del centenario de Fidel, ¿qué papel desempeña Cuba dentro del ALBA-TCP, la CELAC y el multipolarismo emergente? ¿Es la integración regional una salida real o un horizonte aún lejano?

Vasapollo:
El centenario de Fidel, en 2026, no es solo una conmemoración. Es una pregunta política: ¿qué significa hoy la soberanía? Cuba, dentro del ALBA-TCP y la CELAC, representa una memoria activa de la integración latinoamericana. No como un mercado común subordinado a Estados Unidos, sino como un proyecto de cooperación entre pueblos.
El ALBA-TCP sigue siendo importante en los ámbitos político, sanitario, energético y cultural. La CELAC es más amplia, más contradictoria, porque agrupa a gobiernos muy diferentes. Pero precisamente por eso es decisiva. Si América Latina no construye instrumentos autónomos, seguirá fragmentada, y la fragmentación es el terreno natural de la dependencia.
La salida regional es real, pero no inmediata. Se necesitan infraestructuras, crédito, complementariedad productiva, soberanía alimentaria, intercambios en monedas locales y cooperación energética. El multipolarismo no es una fotografía: es una lucha. Puede convertirse en emancipación, pero también puede convertirse en una simple competencia entre capitalismos. Cuba debe formar parte de este proceso aportando una visión: la multipolaridad no basta si no va acompañada de justicia social.

Martufi:
La integración regional, si quiere ser auténtica, debe incluir la dimensión social. No basta con conectar puertos, gasoductos, bancos y monedas. Hay que conectar sistemas sanitarios, universidades, investigación, políticas alimentarias, protección de la infancia, derechos de las mujeres y atención a las personas mayores. Cuba tiene mucho que aportar precisamente en este ámbito. No porque sea un paraíso, sino porque ha conservado una idea de sociedad que en otros lugares se ha desmantelado pieza a pieza.

Usted denuncia el alineamiento europeo con Washington. ¿Por qué, en su opinión, el Parlamento Europeo sigue votando resoluciones sobre Cuba sin mencionar el bloqueo? ¿Se trata de subordinación o de convicción ideológica?

Vasapollo:
Son ambas cosas. Existe una subordinación geopolítica: la Unión Europea, sobre todo tras la guerra en Ucrania, ha adoptado una postura cada vez más atlántica, renunciando a menudo a su propia autonomía estratégica. Pero también hay una convicción ideológica: Cuba se interpreta únicamente a través del paradigma de los derechos civiles, separados de los derechos sociales, de la historia colonial, de la agresión económica y del contexto internacional.
Cuando el Parlamento Europeo habla de Cuba sin mencionar el bloqueo, construye una narrativa mutilada. Es como juzgar a alguien asediado sin mencionar el asedio. Esto no significa negar los problemas internos de Cuba. Significa rechazar una falsificación del panorama general. Si hablo de libertad política pero ignoro que un país no puede comerciar, financiarse, adquirir tecnologías ni pagar con normalidad, entonces no estoy haciendo un análisis: estoy haciendo geopolítica disfrazada de moral.

Martufi:
Y añado: Europa da hoy lecciones sociales a Cuba mientras desmantela partes de su propio sistema de bienestar. Esa es la paradoja. Por supuesto, Europa aún conserva importantes sistemas públicos, pero la dirección es clara: precariedad, privatización, selección por ingresos, sanidad bajo presión, educación empobrecida. Cuba, con muchos menos recursos, defiende la idea de que algunos bienes deben seguir siendo universales. Esto molesta a Europa porque pone de manifiesto una contradicción interna de nuestro modelo.

En el plano concreto de la liquidez —remesas, inversiones extranjeras, turismo, energía—, ¿cuáles son hoy los nudos que el Pleno no puede eludir?

Vasapollo:
El primer nodo es la moneda. Cuba necesita ingresos estables en divisas fuertes, pero no puede depender únicamente del turismo y las remesas. El turismo es vulnerable: crisis internacionales, vuelos, percepción de seguridad, infraestructuras, competencia caribeña. Las remesas son importantes, pero socialmente ambivalentes, porque crean diferencias entre quienes tienen familiares en el extranjero y quienes no los tienen.
El segundo nodo es la energía. Sin energía no hay producción, no hay transporte, no hay refrigeración de alimentos, no hay industria. La crisis eléctrica desgasta la cohesión social más que cualquier discurso político.
El tercer nodo es la inversión extranjera. Es necesaria, pero debe orientarse adecuadamente. Cuba debe atraer capitales que refuercen la capacidad productiva nacional: agroindustria, sector farmacéutico, energías renovables, logística, construcción y turismo integrado. Si la inversión extranjera crea enclaves separados de la sociedad cubana, se convierte en un problema.
El cuarto punto clave es la producción interna. Importar menos es una necesidad vital. Pero para importar menos hay que producir mejor: agricultura, alimentos, materiales, pequeña industria, mantenimiento, recambios. El plan debe entrar en esta realidad concreta; de lo contrario, no pasa de ser un documento.

Martufi:
El quinto punto clave, permíteme, Luciano, es el desgaste social. La liquidez no es solo una cuestión de balanza de pagos. Cuando falta liquidez, falta tiempo. La gente pasa horas buscando productos, organizando el transporte, cocinando con dificultad, haciendo frente a los cortes de luz. Este tiempo invisible es casi siempre tiempo femenino. Por eso, el Pleno no puede hablar solo de empresas, crédito y divisas. Debe hablar de la vida cotidiana como infraestructura de la sociedad.

El coste humano, la reproducción social, el bienestar

Doctora Martufi, detrás de las cifras del bloqueo está la vida cotidiana: sanidad, alimentación, energía. ¿Cuál es hoy el precio real que paga la población y cómo se mantiene la cohesión social?

Martufi:
El precio real es el esfuerzo. No es una categoría sentimental: es una categoría política. La población cubana paga el coste de la incertidumbre cotidiana. La energía que falta, los alimentos que llegan de forma intermitente, los medicamentos que no se encuentran, el transporte que se complica. Todo esto genera cansancio social.
La cohesión se mantiene porque Cuba aún cuenta con redes sólidas: la familia, el barrio, las organizaciones sociales, la sanidad territorial, la escuela, la cultura política. Pero no debemos idealizar la situación. La resistencia no es inagotable.
Incluso una sociedad muy cohesionada puede desgastarse si la presión se prolonga demasiado.

Vasapollo:
Rita da en el clavo. El bloqueo no solo pretende dañar la economía. Pretende generar desconfianza. Quiere transformar la escasez en desilusión, la desilusión en ruptura social, la ruptura social en cambio político. Es una estrategia a largo plazo.

Martufi:
Exacto. Y precisamente por eso la respuesta no puede ser solo heroica. No basta con decirle al pueblo: «resistid». Hay que aliviar la vida de las personas. Cada hora que se devuelve a una madre, a un trabajador, a un estudiante, a una persona mayor, es política socialista concreta.

Usted lleva toda la vida estudiando el trabajo de cuidados y la reproducción social. En una economía sitiada, ¿sobre quién recae realmente el peso de «mantener en pie» la sociedad? ¿Y qué lugar ocupan las mujeres cubanas en todo esto?

Martufi:
Recae sobre todo sobre las mujeres. Esto no significa que los hombres no sufran o no participen, pero la estructura profunda de la reproducción social sigue feminizada. Cuando faltan bienes, servicios, energía, transporte, ¿quién lo compensa? Las mujeres. Son ellas las que se encargan de organizar el hogar, el cuidado de los niños, de las personas mayores y de los enfermos, la gestión de la alimentación, las redes de intercambio y las esperas.
Cuba ha logrado avances enormes en materia de educación femenina, participación en el mundo laboral y presencia en las profesiones, la medicina, la investigación, la enseñanza y la política. Pero los logros formales no eliminan automáticamente la carga material del cuidado.
Aquí se aprecia una contradicción evidente: la mujer cubana es sujeto de la revolución, pero corre el riesgo de seguir siendo también el amortiguador silencioso de la crisis. Si una sociedad socialista quiere ser coherente, debe socializar el cuidado, no descargarlo sobre las familias.

Vasapollo:
Esto es fundamental también desde el punto de vista económico. La economía oficial a menudo no tiene en cuenta el trabajo de cuidados, pero sin ese trabajo nada funciona. El plan socialista debería incluir indicadores de reproducción social: tiempo, salud, acceso a los servicios, carga familiar, diferencias territoriales y de género.

La educación y la sanidad universales sobreviven a pesar del embargo. ¿Es resistencia o también una elección de prioridades que Occidente ha perdido de vista?

Martufi:
Es ambas cosas. Es resistencia porque mantener la sanidad y la educación universales bajo asedio es una prueba muy dura. Pero también es una elección de civilización. Cuba ha decidido que el médico, la escuela, la vacuna, la alfabetización y la prevención no pueden dejarse en manos de la capacidad de pago.
Occidente, en cambio, habla continuamente de libertad, pero a menudo reduce la libertad a la libertad de comprar. Si tienes ingresos, tienes acceso. Si no tienes ingresos, esperas, renuncias, te endeudas, te pones enfermo. Cuba muestra otra jerarquía: primero la persona, luego el mercado. Con todas las limitaciones, con todas las dificultades, este sigue siendo un mensaje poderoso.

Vasapollo:
Y añado que la sanidad y la educación son también fuerzas productivas. Un pueblo instruido y sano es una riqueza nacional. El error neoliberal es considerar el bienestar social como un gasto improductivo. En realidad, el bienestar social es la infraestructura de la soberanía.

La emigración, sobre todo la juvenil, es una herida. Más allá de las cifras, ¿qué significa para el tejido social y afectivo del país, y cómo intenta responder el modelo cubano?

Martufi:
La emigración juvenil es una herida afectiva antes incluso que demográfica. Significa familias separadas, abuelos que crían a sus nietos, padres lejos, jóvenes que ven en otros lugares la posibilidad de realizarse. Significa también la pérdida de recursos humanos formados por el Estado cubano: médicos, técnicos, docentes, investigadores, profesionales.
No hay que utilizar la emigración como arma propagandística contra Cuba, pero tampoco hay que negarla. Cuando un joven se marcha, está diciendo algo. Pide futuro, ingresos, oportunidades, libertad para labrarse un proyecto.
El modelo cubano debe escuchar esta demanda sin vivirla únicamente como una traición.

Vasapollo:
La respuesta no puede ser solo moral. Hay que crear condiciones materiales para que quedarse sea posible y deseable. Trabajo cualificado, vivienda, acceso a los bienes, reconocimiento profesional, participación. El socialismo no puede exigir un sacrificio infinito sin ofrecer perspectivas.

Martufi:
Y, sin embargo, hay otro aspecto: muchos jóvenes cubanos emigran manteniendo vínculos muy fuertes con el país. La diáspora no es solo una pérdida. Puede convertirse en un puente, una inversión, un intercambio de conocimientos. Pero para que eso ocurra, hay que generar confianza.
Mientras Cuba defiende sus servicios universales, Europa desmantela el estado del bienestar y los derechos sociales en un contexto de precariedad. ¿Es una paradoja que merece ser contada?

Martufi:
Es más que una paradoja: es un espejo. Cuba, pobre y sometida a sanciones, defiende el universalismo social. Europa, rica y formalmente democrática, a menudo acepta que la sanidad, la vivienda, el trabajo, la jubilación y la educación se vuelvan cada vez más selectivos. Por supuesto, no hay que simplificar: en Europa aún existen importantes logros sociales. Pero la trayectoria es preocupante.
La paradoja es que se acusa a Cuba de no ser libre, mientras que en Europa millones de personas son formalmente libres, pero materialmente vulnerables al chantaje. Los trabajadores precarios, los migrantes, los jóvenes, las mujeres, las personas mayores que viven solas. La libertad sin seguridad social se vuelve frágil.

Vasapollo:
Este es el punto clave de la cuestión. No se trata de decir que Cuba no tenga problemas. Los tiene, y son graves. Pero el modelo occidental no puede erigirse en juez universal mientras genera exclusión, soledad, privatización y guerra social. Cuba obliga a Europa a plantearse una pregunta: ¿qué queda de la democracia cuando el mercado decide quién puede recibir asistencia sanitaria, estudiar, tener una vivienda y vivir con dignidad?

El Parlamento Europeo acaba de aprobar la normativa sobre «remigración». Desde el punto de vista de los derechos sociales y laborales, ¿qué opinión le merece?

Martufi:
Yo haría una precisión: formalmente no se llama «normativa sobre la remigración», pero el nuevo reglamento europeo sobre repatriaciones va claramente en la dirección de un endurecimiento del sistema. El Parlamento Europeo ha aprobado modificaciones a la política de la UE sobre la repatriación de ciudadanos de terceros países en situación irregular; la prensa internacional también ha hablado de centros o plataformas de retorno fuera de la Unión, aumento de la detención y procedimientos más rápidos.
Desde el punto de vista social, es una señal muy grave. Porque al migrante se le considera cada vez más como un excedente que hay que expulsar, y no como una persona a la que hay que incluir o un trabajador al que hay que proteger. Esto genera un doble mercado: por un lado, la economía europea utiliza la mano de obra migrante en el campo, la logística, la asistencia sanitaria y la construcción; por otro, la política lo presenta como una amenaza.

Vasapollo:
Es la contradicción del capital europeo. Necesita mano de obra migrante, pero políticamente alimenta el miedo y el racismo. Así mantiene bajos los salarios, divide a los trabajadores y desplaza el conflicto del capital hacia el migrante. El término «remigración», utilizado por la derecha, es ideológico: sirve para hacer aceptable la idea de la expulsión masiva, de la selección étnica enmascarada como orden administrativo.

Martufi:
Y esto también afecta al trabajo de cuidados. En Europa, gran parte de la asistencia a las personas mayores, a los niños, a los enfermos y en el hogar depende de las mujeres migrantes. Se quiere su trabajo, pero no su plena ciudadanía social. Es una forma de hipocresía estructural.

Una última pregunta: ¿dónde ve las contradicciones aún pendientes de la condición femenina en Cuba, junto a los logros?

Martufi:
Los logros son reales: alfabetización, educación superior, sanidad, presencia profesional, participación pública, derechos sociales. Pero las contradicciones persisten. La primera es la carga doméstica y de cuidados. La segunda es la diferencia entre la igualdad declarada y la igualdad vivida. La tercera es el impacto de la crisis económica sobre las mujeres: cuando los recursos se reducen, la gestión de la escasez recae a menudo sobre sus hombros.
Luego está el tema de las mujeres jóvenes: aspiraciones, autonomía, maternidad, trabajo, deseo de futuro. Una sociedad socialista debe escuchar estas cuestiones sin paternalismo. No basta con ensalzar a la mujer revolucionaria; hay que darle tiempo, ingresos, servicios y libertad concreta.

Vasapollo:
Rita tiene razón. El socialismo se mide precisamente aquí: no solo en la propiedad de los medios de producción, sino en la transformación de las relaciones cotidianas. Si el hogar sigue siendo un lugar de desigualdad invisible, la revolución sigue estando incompleta.

Martufi:
Y, de hecho, así es como hay que contar Cuba: no como un mito perfecto, ni como un fracaso de manual occidental, sino como una sociedad viva, asediada, contradictoria, aún capaz de plantear preguntas radicales. La más importante es esta: ¿puede una sociedad defender la dignidad humana cuando todo el mundo le pide que la convierta en mercancía?

Vasapollo:
¿Y puede hacerlo en un mundo que cambia, donde el multipolarismo abre posibilidades pero no garantiza la justicia? Ese es el reto. Cuba no debe limitarse a sobrevivir. Debe demostrar que el plan, si no es burocracia, puede ser una forma superior de libertad colectiva.

Martufi:
Siempre y cuando esa libertad se refleje en la vida de las personas.

Vasapollo:
Exactamente. Porque un plan socialista que no llega a la mesa, a la casa, a la escuela, al hospital, al tiempo de las mujeres, al futuro de los jóvenes, queda inconcluso.

Martufi:
Y una resistencia que no preserve la ternura del pueblo corre el riesgo de convertirse solo en dureza. Cuba ha resistido porque ha sabido mantener unidas la política y la humanidad. Ahora debe hacerlo en una nueva etapa, más difícil, pero no carente de posibilidades.
Ha sido un placer conversar con ustedes. Les doy las gracias de verdad y les deseo lo mejor.

Alfonso Bruno per Mediaflighter

 

La «escuela de economía antropológica» de Vasapollo, que fue profesor durante más de 40 años en la Universidad La Sapienza de Roma y hoy es profesor en la PAMI, lleva años estudiando la crisis sistémica irreversible. Una crisis que no se limita, ni tanto ni solo, a la zona del dólar y del euro o a Estados Unidos y la Unión Europea, sino que es la crisis del modo de producción capitalista. De ahí ha surgido una importante línea de estudios e investigaciones que, junto a las dinámicas económicas espaciales y temporales, ha puesto énfasis también en la organización política de la sociedad del capital, con sus respuestas exclusivamente en términos del keynesismo bélico, con guerras económicas y militares. Por lo tanto, se presenta una orientación clara y no neutra que surge de la conciencia de los mecanismos económicos que regulan las estrategias militares, como se ve en este conflicto aquí en Europa, que no es solo entre Rusia y Ucrania, sino entre dos sistemas geopolíticos opuestos, que también se enfrentan en otras zonas como Oriente Medio, Irán, África y América Latina, y en Cuba en particular, el del unicentrismo de la OTAN y el del pluripolarismo.

Prof. Luciano Vasapollo (1955). Hasta octubre de 2025, profesor de políticas económicas y también de economía del desarrollo en la Universidad Sapienza de Roma, Italia; profesor de economía sostenible y administración en la PAMI (Pontificia Academia Mariana Internationalis). Ha sido nombrado doctor honoris causa en seis universidades de Cuba y Venezuela y es profesor invitado en varias universidades internacionales. Desarrolla una intensa actividad de análisis e investigación sobre las relaciones y los procesos políticos, económicos y sociales relacionados con los países del BRICS Plus, del ALBA y de América Latina, a través del Centro de Estudios Cestes. Es autor y coautor de cientos de artículos para revistas nacionales e internacionales; es autor, coautor o coordinador de más de 100 libros, muchos de los cuales han sido traducidos en Europa, Estados Unidos y América Latina. Es miembro de la Secretaría Ejecutiva Internacional de la Red en Defensa de la Humanidad.

La doctora Rita Martufi (Roma, 19 de octubre de 1959) se licenció en Economía y Comercio en la Universidad de Roma «La Sapienza» (LS) en 1985, obteniendo la máxima calificación (110/110) y recibiendo matrícula de honor. Entre 1985 y 1990 impartió asignaturas de economía y empresariales en diversos cursos de formación profesional y de especialización autorizados y patrocinados por la Región del Lacio. Ha trabajado en la Cooperativa Primo Maggio H SRL y en la Cooperativa Centro Servizi e Restaurazi SRL, desempeñando funciones administrativas y de gestión.

De 1985 a 2004 colaboró con el Departamento de Ingeniería Mecánica y Aeronáutica (Universidad de Roma «La Sapienza»), participando en actividades docentes y de investigación y desempeñando funciones de responsabilidad en estudios económicos, empresariales y socioeconómico-financieros. Es miembro del comité científico del Centro de Estudios Cestes y del comité de programación científica de la revista Proteo (revista de dinámicas económicas, productivas y sociales) y de Nuestra América (revista de análisis sociopolítico y cultural sobre América Latina), donde desempeña el cargo de directora editorial. Es miembro del comité científico y del consejo internacional del Laboratorio de Crítica Social Europea (LCS). Es autora de numerosos artículos publicados en revistas nacionales e internacionales y de varios libros. Además, ha redactado diversos informes de investigación y análisis de encuestas presentados en congresos y jornadas internacionales. Ha pasado largos períodos en el extranjero (Europa, incluida Europa del Este, África y América Latina), colaborando en particular en investigaciones socioeconómicas con universidades, centros de investigación e instituciones gubernamentales en Cuba, Venezuela y Bolivia por motivos de estudio y trabajo, participando como oradora oficial en congresos y jornadas internacionales. Trabaja como profesional para diversos departamentos de universidades italianas e internacionales, así como para ONG, organizaciones y empresas, ofreciendo asesoramiento administrativo, análisis de mercado y, en general, dirigiendo encuestas, estudios e investigaciones de carácter estadístico, económico y financiero. Además, organiza cursos, seminarios y conferencias. Habla y escribe con fluidez en inglés y español.


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